Nuestras compañeras…

 

Por Mario López – Presidente de APDH Rosario

Nuestras compañeras juran, nuestras compañeras prometen.

Prometen por su madre, por las Madres de la plaza 25 de Mayo y por la madre de Santiago Maldonado, quienes pasaron las mismas penurias, los mismos pesares. Nuestras compañeras prometen por las luchas de las mujeres, pasadas, actuales y futuras.
Reconocen e identifican a los verdugos, por nombres, por apodos, por sus hechos. Por sus voces.

Quienes fueron torturadas sexualmente por el violador serial el cura Marcotte, se limitan a dar cuenta de aquellas compañeras que llegaron a brindar testimonio sobre esas torturas, de ese genocida.

Vuelve la voz de Chomikci, diciendo “cantá o te reviento el ojo con el birome”, y vuelve a decir “acaba de pasar un féretro” y la polaca limpia.

La jueza pregunta “¿Sabe quién le delató?” No, al unísono una voz del público afirma no lo dirá. Cabe destacar que jamás, ni compañero ni compañera, acusó a quien bajo tortura se quebró, delató, no pudo callar, no supo callar, jamás en ningún testimonio nadie acusó a otro por su delación, en tortura. Acá se trata de otra cosa. Muy distinta. Se trata de participación activa en tortura, se trata de haber tomado el rol y el lugar de verdugo, de traidor, de cómplice, torturador, saqueador, genocida. Los testimonios dan cuenta que la tortura es un delito que no debe limitarse al intento de lograr una confesión. El ejercicio de la tortura excede la voluntad del torturador de obtener una confesión, implica el capricho, sadismo, la apatía, la garantía de los poderes.

Nuestras compañeras dan pormenores de las voces y de los gritos, de la sorna y vileza con la cual los genocidas se burlaban de los desaparecidos. De los jueces militares que les tomaban declaración.

Describen los espacios y los recovecos. Nuestras compañeras, como tantos, reconstruyen historizan recuperando las fechas, los hechos, en medio de la perdida de las nociones de tiempo espacio en la cual estuvieron sumidas, y vuelve hoy ante la chirriante memoria.

Nuestras compañeras dicen, hoy hablamos de sororidad, allí la hubo, allí hubo sororidad.

Nuevamente ir al baño a tomar agua del inodoro, tantos y tantas lo relataron.

Nuestras compañeras desde que salieron del secuestro del terrorismo de Estado genocida, testimonian, relatan, narran, para que no haya olvido, ni perdón, ni reconciliación.

Nuestra compañera, relata, “Marcotte me pregunta ¿cómo se llama tu cuñado? Y responde, me parece que pasó por acá. Ahí supe que no le volvería a ver.  Estaba de cinco meses de embarazo, me descompuse al escuchar luego que irrumpiera en casa la patota como golpeaban a mi compañero. Pensaba en mi hijo y en mi madre, que ya tenia una hija desaparecida. Y criamos a los hijos de mi hermana. Un día mi hija, jugaba a las muñecas, y jugó a enterrar a una de sus muñecas. Por más que no había nacido al momento de los hechos, mi hija algo supo, algo escuchó, y jugó a dar sepultura, lo que muchos años después pudimos hacer”.

Nuestra compañera, dice que quienes le conocen saben que es una persona muy molesta. Y si, nuestra Anita, posee una memoria y una capacidad de lucha, que a muchos les molesta, pero que muchos más la agradecemos y bancamos, y necesitamos.

Vuelve Zitelli, el mismo que murió impune, pero le sabemos culpable.

Nuestra compañera, nos trae a Alicia Tierra, y a Marisol Pérez.

Nuestra compañera vuelve a decir, Marisol sabía que la matarían, Marisol hablaba de Pucho, le mostraron una foto y la besó, Marisol estaba desesperada para que su familia recuperara a Andrés, el Pipa. Nuestra compañera dice, “el Pollo me pide que le arme una bolsa con su ropa a Marisol”. Al otro día la Polaca andaba vistiendo esas ropas. La Polaca y el Cadi, son los nombres de aquellos que son responsables de tortura, de saqueo y de muerte.

Nuestra compañera, recuerda, y nos hace recordar, cuando la causa Feced I, ve a Andrés, lo reconoce, le abraza y le dice, sos Andrés.

En un momento Stella nos trajo a Marisol, un halo de amor nos envolvió Pipa, estuvieron ahí, envolviéndonos con ese amor, que te marcó, que ejerciste, que llevabas con vos, y si, te vio, te reconoció, y lo recordamos.

No olvidamos, No perdonamos, No nos reconciliamos. HLVS

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